En los últimos años la Sanidad pública ha incrementado notoriamente su calidad asistencial, su dotación tecnológica y su apoyo a la investigación y la docencia. Asimismo, ha mejorado el confort del paciente, uno de los grandes fuertes de la Sanidad privada. Ante esta situación, se plantea la duda de por dónde evolucionará este sector si quiere competir con el público.
En los últimos ocho o diez años, se observa que el 20 por ciento de los españoles ha cambiado su opinión, de modo que ha aumentado la demanda de la Sanidad privada. Han influido en esta subida la mejora de la renta de los españoles y la atención ofrecida por el sector privado.
Disponemos de un sistema nacional sanitario magnífico, pero está diseñado con restricciones en cuanto a la prestación de servicios, y siempre va a haber ciudadanos que consideren que no están satisfechos.
En el global del gasto sanitario, el 30 por ciento es privado; lo que supone un 2,7 por ciento del PIB y, genera 100.560 empleos. Más del 85 por ciento de los funcionarios eligen la industria privada. Existen también otros modelos como el modelo Alzira: una empresa privada que, por cuenta de la Administración, con financiación pública y bajo su supervisión, da el servicio con técnicas de gastos propias del sector privado.
Es cierto que durante años, la Sanidad pública se ha preocupado menos que la privada de la calidad hostelera-hotelera, tal vez porque ha prestado más interés en mejorar la calidad asistencial.
Unos 50.000 médicos trabajan actualmente en la medicina privada, y todos tienen la vocación de prestar un servicio público: mejorar día tras día la atención que prestan a sus pacientes y reforzar los medios tecnológicos de los centros donde cumplen con su labor asistencial. Para mí, es difícil hablar sobre la Medicina privada donde permanecí tan sólo 6 meses. Desde mi perspectiva de Sanidad pública y el poco conocimiento de la Medicina privada, mis conclusiones podrían estar sesgada o equivocadas. Creo que la diferencia fundamental a nivel profesional radica en el ámbito económico entre ambos tipos de Sanidad. Los contratos en la Medicina privada son mucho más elevados que en la pública. Sin embargo, la Medicina privada necesita profesionalizar la administración de sus centros, mayoritariamente en manos de los médicos, y realizar una gestión más clínica y menos económica de la actividad. Por otra parte, tenemos una fuerza laboral médica escasa, al menos en los próximos 15 ó 20 años, lo que va a condicionar mucho la prestación del servicio tanto en el sector público como en el privado. Hasta ahora, el sector sanitario ha sido un sector regulado por la planificación o por el mercado.
En el futuro habrá más capacidad de elección, debemos movernos en un marco de colaboración entre lo público y lo privado para garantizarle lo mejor al ciudadano.
Siempre habrá un grupo de población que busque en la privada cosas que no encuentra en la pública, y no se trata sólo de una cuestión económica, sino que también lo es de calidad percibida y de confianza, dos parámetros que son muy subjetivos. Muchos ciudadanos acuden a la Medicina privada por su agilidad en la realización de pruebas y consultas.
Es importante saber que hablamos de Salud, de un bien social.
Creo que la Sanidad pública y la privada han cambiado, pero las velocidades son distintas y las posibilidades de adaptarse, también, y eso hace más eficiente a la privada, que está menos encorsetada por cuestiones como la política, que quedan al margen.
La relación médico-paciente y sus principios deben ser el eje central de la atención que brindamos. Los principios incluyen honestidad, intimidad, confidencialidad, beneficencia y defensa de los intereses de los pacientes. El deber del médico es para con el paciente, sin importar si su seguro es público o privado, o el sistema de atención al cual pertenece. Debemos ser eficientes para diagnosticar y tratar. Así, los recursos de los que disponemos se mantendrán por más tiempo y para más individuos.
| En la Medicina privada existen ciertos problemas muy específicos. En el camino se encuentran los siguientes problemas: |
1.- Consultas no necesarias para distribuir al paciente entre los médicos. 2.- La no presencia de un médico principal que debe obtener la colaboración y consentimiento del resto de compañeros. El médico principal debe continuar siendo el responsable primario y coordinar las atenciones al paciente. 3.- Aunque en los hospitales privados no exista docencia formal, sí existen situaciones donde se puede llevar a cabo, tal como los médicos que trabajan en los servicios de urgencias de dichas instituciones que solicitan consulta por un especialista. ¿Por qué no podrían acceder a la formación MIR también, ante la escasez de especialistas en nuestro país? 4.- Asimismo, es difícil encontrar situaciones que permitan la investigación dentro de las instituciones privadas; la gestión y la asistencia se llevan la mayor parte del tiempo. 5.- Nuestros compañeros de la Medicina privada también adolecen del desarrollo de una carrera profesional, que les permita, a lo largo de los años de su actividad, mejorar desde el punto de vista curricular. |
Siempre me he sentido partidario de la Medicina pública, considerando que en la Medicina privada se realiza igual o mejor asistencia sanitaria que en la pública. Quizás la diferencia entre una y otra se encuentra en la forma de gestionar los recursos. Desde mi punto de vista, el mejor sistema sanitario es el que, usando recursos públicos, gestiona estos recursos con eficiencia de empresa privada. Algunos ejemplos como la gestión de la Ciudad del Corazón del Hospital Juan Canalejo de La Coruña se acercan, desde mi punto de vista, a la mejor gestión sanitaria. Espero que ustedes den sus opiniones a Orobal , tanto desde la Medicina pública como desde la privada.
Los modelos sanitarios varían por comunidades autónomas, por eso, algunas optan por rechazar este modelo de confrontación y defienden que el futuro de la privada pasa por la colaboración con la pública y por servirle de impulso e incentivo.
Juan Carlos Pérez Marín, vicepresidente del Colegio
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